Escuela de Padres

El pasado mes de septiembre conseguí una plaza que se había convocado en la Universidad de Castilla–La Mancha de profesor asociado. Concretamente en el Departamento de Pedagogía. De esta forma, desde principio de curso compagino mi trabajo como orientador en un centro público de Infantil y Primaria con la docencia en la Escuela Universitaria del Profesorado de Ciudad Real.
 

Desde el principio todo se me ha puesto de cara, como decimos en España. La asignatura que se me ha asignado no podía ser más acorde a mis conocimientos y mis gustos: “Bases Pedagógicas de la Educación Especial”. A ello se ha unido hacerlo a un grupo de alumnos especialmente motivados e interesados como son los de la especialidad de Educación Musical.

Ahora está terminando el primer cuatrimestre y creo que puedo hacer un pequeño balance de cómo está resultando mi experiencia en la Universidad.

En primer lugar, quiero destacar la acogida recibida en el Departamento. Los principios de curso son siempre trepidantes y a todos nos sobrepasan. Sin embargo, me he sentido especialmente atendido por la persona responsable en todas mis necesidades como docente. Todo han sido facilidades y he encontrado una predisposición especial para poder pedir cualquier tipo de ayuda.

En segundo lugar, destaco la oportunidad de dar clase a alumnos de la especialidad de Educación Musical. No soy músico y mis conocimientos en este aspectos son mínimos. Sin embargo, he hecho el esfuerzo de tener presente que estaba ante futuros maestros de música. Esta situación me ha ayudado a reflexionar sobre la importancia de esta área en la Educación Infantil y Primaria y sobre cómo considerarla como orientador. Desgraciadamente la Música no suele ser un contenido que evaluamos con profundidad los orientadores y sobre todo, no sabemos manejarla como herramienta de estimulación. Después de este cuatrimestre las cosas, al menos por mi parte, van a cambiar.

En tercer lugar, la libertad de cátedra permite enseñar lo que consideras más relevante. El hecho de impartir la asignatura de Bases Pedagógicas de la Educación Especial, ha sido una oportunidad para organizar, sistematizar y ordenar los propios conocimientos y experiencias sobre este tema. Es cierto que no se tiene claro un conocimiento hasta que no se ve en la tesitura de enseñárselo a los demás.

Por último, considero que mi presencia en las aulas es una oportunidad de que los maestros en formación reciban, no solo conocimientos teóricos (que son imprescindibles), sino también la realidad de la escuela: esta es una ocasión en la que se tiende un puente entre la formación y la labor profesional. Y por supuesto, he querido llevar (y voy a seguir haciéndolo) mi interés por las familias, porque detrás de cada alumno, en la escuela hay un papá, una mamá, unos hermanos… y en el caso de los alumnos con necesidades educativas especiales tienen una consideración más relevante.

La experiencia está siendo, al menos para mi muy enriquecedora. La Universidad proporciona otras oportunidades y retos a los que espero no dar la espalda. En el próximo cuatrimestre daré clase a los alumnos de la Especialidad de Educación Física. Ya les seguiré contando.

Jesús Jarque García


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